Crecerse ante la frustración
Seguramente una de las emociones con la que primero tenemos que aprender a lidiar desde que somos pequeños es la frustración, es decir, el no conseguir aquello que deseamos o perseguimos. Manejar la frustración no siempre es fácil, y es necesario aprender a hacerlo mientras crecemos y llegamos a la edad adulta, para poder aprender a hacer frente a los sentimientos de rabia, ira o desesperanza que suelen aparecer con ella.

Si no aprendemos a hacerlo, cada vez que veamos frustradas nuestras esperanzas nos deprimiremos y nos sentiremos desesperanzados, dejando de lado ese objetivo que tanto hemos perseguido o nos llenaremos de ira y rabia, que se acumularán en nuestro interior y remirarán pro afectar a todas las áreas de nuestra vida.

Por el contrario, si aprendemos a manejarla, en lugar de deprimirnos, saldremos fortalecidos, o, como se dice habitualmente, nos creceremos ante la adversidad.

Para ello lo primero que debemos tener en cuenta es asumir nuestros propios límites y limitaciones. Debemos aceptar que existen muchas variables que no podemos controlar, como las circunstancias, el comportamiento de los otros, o la o capacitación que podamos tener en un determinado momento. Saber lo que podemos controlar o no, cambiar o no, nos permitirá manejar aceptar, en un momento dado, el no haber podido lograr aquello que deseábamos.

Hecha esta valoración, es el momento de determinar en qué podemos manejar, qué está en nuestras manos cambiar para tener más posibilidades de lograr aquello que queremos. Si, por ejemplo, queremos ser campeones de los 100 metros, no podremos cambiar la velocidad a la que corren los demás, pero sí podremos mejorar nuestra técnica, entrenamiento, etc., para obtener mejores resultados. Así, nos sentiremos impotentes intentando cambiar aquello que no está en nuestra mano, sino que desarrollaremos nuestras capacidades ante el reto que, aunque aún no esté a nuestro alcance, seguramente sí lo estará más adelante.