Cuando iniciamos una terapia psicológica, las sesiones con el terapeuta se convierten en un gran apoyo para nosotros, ayudándonos a resolver los conflictos que nos han ayudado a motivarla, aprendiendo sobre nosotros mismos y adquiriendo herramientas, sobre todo a nivel emocional, para enfrentarnos a los desafíos que nos aparecen en la vida.

Aunque la duración de la terapia es muy variable, y dependerá tanto del tipo de la misma como del problema del paciente, llega un momento en que ésta debe finalizar, momento que muchas veces causa angustia al paciente, porque no está seguro de poder desenvolverse sin ella, lo que lleva a muchos a prolongar la terapia durante años y años. Por ello es importante tener claro cuando es el momento en el que debemos abandonar la terapia.

Según los expertos, cuando el paciente nota que los síntomas psicológicos que le llevaron al comienzo de la terapia comienzan a desaparecer y el paciente es capaz de comportarse de un modo diferente y de forma positiva ante la problemática que le hizo acudir a la consulta, está llegando el momento de abandonar la terapia. Por otro lado, es necesario tener en cuenta que los efectos de ésta no terminan cuando abandonamos el despacho de terapeuta, sino que la terapia puede tener efectos en el paciente meses o incluso años después de abandonarla.

Otro método de determinar si ha llegado el final de la misma es preguntarse si continúa siendo efectiva. Cuando el paciente siente que las sesiones son repetitivas y que no encuentra nada nuevo en ellas, puede ser el momento de abandonar la terapia.

También es necesario tener en cuenta que terminar una terapia no significa que no podamos retomarla pasado un tiempo si aparecen nuevas problemáticas a tratar.