Cuándo eres cómplice de que te hagan daño
Si hay algo que en más de una ocasión cuesta a muchas personas es el hecho de asumir responsabilidades, es decir, de entender que nadie es víctima de su destino sino que cada persona mediante su libertad personal tiene el poder de elegir cómo quiere vivir, de qué personas se quiere rodear, y lo que es más importante, qué situaciones está dispuesta a tolerar y cuáles no. Vivimos con la idea de que son los demás los que nos hacen daño, sin embargo, tú mismo puedes convertirte en cómplice de ese daño cuando no haces nada por protegerte y cuidarte.

Esto es más evidente de lo que parece a simple vista en el amor. Cuando estás inmerso en una relación tóxica y destructiva, pregúntate sencillamente, por qué estás ahí. Por qué no te marchas y te das la oportunidad de vivir feliz, bien y tranquilo contigo mismo. En más de una ocasión, y aunque suene duro decirlo, tú eres cómplice de que jueguen con tus sentimientos en el caso de que no sepas marcar el límite adecuado a la otra persona.

Lo cierto es que es importante aprender a escuchar al corazón. Sin embargo, lo es todavía más atender a la razón y al pensamiento desde un punto de vista racional. En la vida somos más veces cómplices de una situación injusta que víctimas puramente pasivas. Piensa que tú eres siempre el primero que debe de protegerse para no sufrir más de lo necesario en este camino tan fascinante llamado vida.

En vez de quejarte siempre porque crees que te pasan cosas que no mereces empieza a plantearte qué grado de responsabilidad tienes tú en que las cosas sean así e intenta empezar a cambiar poco a poco. Es decir, aléjate de todo aquel que te pone en peligro emocional.