Cuando necesites ayuda, pídela
La mayoría de los problemas que nos surgen en la vida podemos afrontarlos por nosotros mismos. Con mayor o menos esfuerzo lo logramos, los superamos y ese afrontamiento nos sirve para crecer como personas. Sin embargo, en ocasiones nos encontramos con situaciones tan graves o tan complicadas que no podemos resolverlas por nosotros mismos y para logarlo necesitamos ayuda, pero esta necesidad se convierte, para muchas personas, en un problema añadido al que ya tienen, porque no son capaces de pedir esa ayuda que necesitan.

Esto se debe, en primer lugar, a una baja autoestima. Piensan que sus problemas no son importantes y que no deben molestar a nadie con sus cosas, o que no merece que los demás le echen una mano. Esto al final se transforma en un círculo vicioso, ya que su baja autoestima les impide solucionar el problema y esta falta de solución daña aún más el concepto que tienen de sí mismos.

También es común en hijos de padres disfuncionales.

Normalmente este tipo de padres no sabe cuidar ni ayudar a sus hijos, por lo que los niños aprenden desde muy pequeños que deben arreglárselas solos y que no pueden confiar en que nadie les ayuda, y esa creencia les impide pedir ayuda.
Finalmente también se debe al miedo. Se teme la reacción que puedan tener los amigos o la familia, dependiendo sobre todo de la naturaleza del problema, y por ello no se busca ayuda.

En estas situaciones, podemos buscar ayuda entre nuestros amigos, familiares o incluso profesionales de la psicología, sin temer que pedir ayuda nos convierta en personas más débiles. Debemos aprender que pedir ayuda para resolver situaciones que no sabemos tratar es una forma de cuidarnos a nosotros mismos y de tener una sana autoestima. Por ello, la próxima vez que necesites ayuda, pídela.