Cuando no soportamos la frustración
Las cosas no siempre salen tal y como las hemos planeado. Esto, que forma parte de nuestra vida diaria, para muchas personas supone un gran motivo de infelicidad y sufrimiento porque tienen baja o nula tolerancia a la frustración.

Esto hace que se rindan fácilmente ante cualquier obstáculo, sin ser capaces mantener un esfuerzo a largo plazo porque necesitan gratificaciones y recompensas inmediatas, y no pueden soportar un cierto malestar temporal para lograr beneficios a largo plazo. Si buscan un trabajo, por ejemplo, dejarán de hacerlo ante la primera o segunda negativa. Si están a dieta, abandonarán la primera semana que no pierdan peso, y así sucesivamente.

La baja tolerancia a la frustración se conoce también como el síndrome de “no soporto”, con el que lo bautizó Albert Ellis en la década del 60 al hablar de este comportamiento.

Este nombre se debe a que estas personas suelen quejarse de no soportar o estar hartas de ciertas situaciones y en lugar de intentar resolverlas las evitan. Parten de la base de que es horrible atravesar cualquier contratiempo de que ni lo pueden ni lo quieren soportar.

Esto les supone dificultades en sus relaciones personales, ya que “no soportan” que alguien les contradiga. También en el ámbito laboral, porque cambian constantemente de trabajo debido a que “no soportan” que un jefe o cualquier otra figura de autoridad le diga qué debe o no debe hacer.

Afortunadamente, esta baja tolerancia a la frustración se puede aumentar si nos hacemos a la idea de que no podemos evitarla, pero sí aprender a manejarla y a superarla. Esto se hace enfrentándose al malestar y al sufrimiento y viendo que, aunque sea doloroso no nos destruye. La terapia cognitivo conductual es uno de los instrumentos más útiles a la hora de aumentar esta tolerancia, permitiendo así al individuo ser más feliz aunque no satisfaga todos sus deseos de inmediato.