Cuando nuestro niño interior está herido
El niño interior es la parte de nuestro ser en la que conservamos, cuando ya somos adultos, todas las experiencias que hemos vivido en nuestros primeros años de vida. Si cuando fuimos niños tuvimos un entorno familiar que nos permitió física y emocionalmente, nos sentimos cuidados, protegidos y guiados en nuestros primeros pasos, nos convertiremos en adultos equilibrados, que confían en sí mismos, con una sana autoestima, capaces de establecer límites sanos y de comportarse asertivamente con los demás.

Sin embargo, si cuando fuimos niños vivimos el maltrato, el abandono, sentir que nuestro entorno familiar se avergonzara de nosotros y todas las consecuencias de crecer en una familia disfuncional, todas esas heridas quedan presentes en el niño interior. El dolor por todo lo sufrido es tan grande que el adulto sólo puede vivir si se desconecta de su niño interior, es decir, si entierra todas aquellas vivencias y sigue adelante.

En principio todo está olvidado, pero todos esas vivencias quedan registradas en el subconsciente e influyen en nuestro comportamiento en casi todos los niveles de nuestra vida, produciendo efectos negativos que no comprendemos en la edad adulta, como enamorarnos siempre de la persona equivocada, sentirnos inferiores a los demás, tener falta de seguridad, fobias, ataques de pánico, ansiedad generalizada, depresión, etc.

No entendemos por qué sentimos miedo o desamparo ante situaciones que, objetivamente, no debería producírnoslo, ni por qué sentimos tanta ira contra esa broma en principio sin maldad que nos ha hecho alguien.

Esas reacciones se deben a que las pasamos por el tamiz de nuestras vivencias infantiles, y nos sentimos como nos sentimos entonces, airados, asustados y solos, con la misma intensidad que lo sentimos entonces y con la misma impotencia que lo sentimos entonces.

Es ahora, cuando somos adultos, cuando tenemos a nuestro alcance mecanismos para hacer frente a aquello que no pudimos enfrentarnos entonces y sanar así a ese niño herido.