Cuando ser vulnerable es positivo
A ninguno de nosotros nos gusta ser o sentirnos vulnerables. Para evitarlo, nos protegemos, ocultando nuestros sentimientos, miedos, emociones y pensamientos, y dejando entrever sólo aquellos aspectos de nosotros mismos que nos hacen sentirnos seguros y que sabemos que, si son conocidos por los demás, ello no nos puede causar ningún daño.

Si nuestra autoestima es fuerte, este miedo a la vulnerabilidad será menor. La autoestima supone que confiamos en nosotros mismos y nos queremos, por lo que no tendremos miedo a mostrarnos tal como somos y sentiremos menos miedo a mostrarnos vulnerables.

Pero si no tenemos muy alta nuestra autoestima o si nos han hecho daño en el pasado, la posibilidad de mostrarnos vulnerables y que nos hagan daño de nuevo nos aterra. Por ello nos protegemos, mostrando, como hemos dicho antes, sólo la parte de nosotros mismos que nos hace sentirnos seguros.

Este miedo a sentirse vulnerables hace que muchas personas no se den a conocer nunca como realmente son ni en sus relaciones de amistad ni en sus relaciones amorosas, no pudiendo llegar, sobre todo en este último caso, a una completa intimidad.

Si queremos que nuestra relación de pareja sea plena, si queremos llegar a sentir la completa intimidad con otra persona, tendremos que sobreponernos al miedo y arriesgarnos de nuevo a sentirnos vulnerables. Si no dejamos que el otro nos conozca y nos ame como realmente somos, con nuestros defectos, virtudes, debilidades y fortalezas, realmente nunca disfrutaremos del sentimiento de ser amados por nosotros mismos. Nuestra pareja amará a la imagen que hemos construido de nosotros mismos, pero no a nosotros.

Abrirnos al otro supone un riesgo, porque quien nos conoce realmente nos puede hacer daño. Pero sólo quien nos conocer realmente nos amará de verdad.