Cuándo el silencio es la mejor respuesta
Vivir es todo un arte complejo cuyas claves vamos desvelando a partir de nuestra propia experiencia en el día a día. Gracias a que hemos metido la pata en tantas ocasiones, somos un poco más sabios. El silencio y la palabra se intercalan en la comunicación humana marcando un código que no siempre es fácil de desvelar. Existen grandes amores que quedan ahogados en el vacío de un silencio eterno. Grandes sentimientos que quedan perdidos en el anonimato del corazón. El silencio es un gran amigo pero al igual que las palabras, tenemos que aprender a utilizarlo para sentirnos cómodos con él.

El silencio es una buena respuesta

El silencio es una respuesta excelente cuando tienes claro que no quieres tener una relación de amor con una persona que insiste hasta el agotamiento en confesarte qué siente. El silencio es la mejor respuesta porque solo cuando te mantienes firme en esa postura, puedes estar seguro de no estar alentando las falsas ilusiones de quien parece confundir amor con obsesión.

El silencio puede llegar a ser la mejor respuesta cuando sientes que no tienes nada importante que decir y no te sientes cómodo.

Además, el silencio también es una buena medida para frenar una discusión que aumenta de tono más allá de lo adecuado. La sabiduría de aprender a callar para no encender una hoguera a nivel emocional implica aprender a controlar el orgullo.

El silencio es una buena respuesta cuando otra persona tiene razón en lo que te ha dicho y te ha dado una lección. El silencio muestra que te has tomado tu tiempo para reflexionar sobre ese asunto.

El silencio es la mejor respuesta cuando no quieres entrar en el juego de personas curiosas que quieren saber más de lo debido sobre ti. Recuerda que tú eres dueño de tus palabras y de tus silencios.

Cuándo el silencio es la mejor respuesta

El poder del silencio

El silencio aporta tanto que da vida y es una forma de amor. El silencio es el mejor modo de estar en una situación de dolor porque muestra respeto. El silencio implica no decir nada para escuchar el eco que late de fondo en mitad del espacio interpersonal.