Cuando tu enemigo eres tú mismo
Muchas personas sienten que nunca pueden lograr sus metas. Da igual que sea conseguir un ascenso en el trabajo, tener una relación duradera o simplemente adelgazar unos kilos. Se esfuerzan todo lo que pueden en lograrlo, pero cuando ya están muy cerca de su objetivo, sucede algo que hace que sus planes se vean totalmente desbaratados y que tengan que volver prácticamente al principio.

Se podría hablar de mala suerte, pero no es así. Lo que ocurre es que estas personas no se dan cuenta de que su mayor enemigo son ellas mismas y son ellas quienes, sin ser conscientes de ello, sabotean todos los esfuerzos que han llevado a cabo para conseguir sus objetivos.

Esto no significa que estemos trastornados y que actuemos contra nosotros mismos por alguna enfermedad oculta, sino que no somos conscientes de las motivaciones ocultas que nos llevan a seguir estos comportamientos.

Estas motivaciones ocultas son ganancias que obtenemos cuando todos nuestros planes parecen darse al traste, como por ejemplo la atención que recibe quien siempre está enfermo, el miedo al fracaso que conjuramos al no enfrentarnos al ascenso, el miedo al abandono que resolvemos impidiendo que salga adelante una relación de pareja o la protección contra el daño que nos puedan causar los demás que suponen esos kilos de más.

Por ello, una de las claves para lograr dejar de sabotear nuestros propios proyectos es descubrir cuáles son esas motivaciones que nos llevan a actuar así. Para averiguar cuáles buscaremos un lugar tranquilo donde relajarnos y después escribir en una hoja los motivos que nos llevan a este comportamiento. Debemos dejar la mente libre y que la respuesta fluya del inconsciente, sin intentar forzarla en ningún sentido.

Una vez que las conozcamos, sabremos por qué actuamos de ese modo, lo que nos permitirá decidir si queremos hacerlo o si queremos realmente cambiar nuestro comportamiento.