Cuatro evidencias sobre la gestión del tiempo
Nos movemos en el tiempo de un modo constante ya que además, nosotros mismos tenemos una esencia finita. El tiempo, uno de los grandes misterios filosóficos, también está lleno de contradicciones. Una de ellas es que el tiempo lo invertimos mucho mejor y hacemos una economía más óptima cuando tenemos ocupaciones que nos obligan a gestionarlo de acuerdo a distintas metas que cuando tenemos un periodo de vacaciones largo y ante la perspectiva de la disposición de horas libres, podemos acumular las tareas hasta el último momento.

Surgen imprevistos

La agenda es útil hasta cierto punto ya que cuando la planificamos no contamos con los posibles imprevistos que pueden romper de golpe esa jornada ideada previamente con tanto esmero.

Un truco para poder hacer frente a posibles imprevistos es contar con este factor y deja una hora y media libre en la agenda (destinada precisamente a cubrir estos posibles imprevistos).

La percepción del tiempo

Los minutos siempre duran lo mismo, sin embargo, nuestra percepción es muy distinta. En un momento de aburrimiento, una hora parece eterna. Por el contrario, en la agradable distracción de un momento feliz, resulta muy fugaz. Del mismo modo, no todas las fracciones de tiempo de las etapas de nuestra vida dejan la misma huella en nosotros. Muchos momentos, de hecho, quedan en el olvido (ante la imposibilidad de recordarlo absolutamente todo).

Cuatro evidencias sobre la gestión del tiempo

El tiempo deja huella en nosotros

El tiempo deja huella en nosotros como muestra el factor edad. Pero además, esta huella no solo es visible a nivel físico como muestran las arrugas sino también, a nivel emocional a partir de la madurez que se nutre de las experiencias, vivencias, aprendizajes adquiridos y lecciones que recibimos en primera persona. El tiempo es un bien inmaterial que no podemos atrapar en nuestras manos. Y sin embargo, es el mejor regalo.