Cuidado con el sentimiento de venganza
Existen muchos tipos de sentimientos diferentes. Algunos son agradables, como por ejemplo, la alegría, la ilusión, la esperanza, el optimismo… Sin embargo, otros son más difíciles de sobrellevar como es el caso de la tristeza, la rabia, la frustración, el dolor… Existe un sentimiento con el que hay que tener un cuidado muy especial: con el deseo de venganza. La realidad es que no se trata de pensar en una venganza grave, sino del deseo inherente a la ira a través del cual, una persona desea devolver a otra el daño que ha padecido en primera persona.

A veces, el deseo de venganza puede surgir, por ejemplo, tras un desamor. Cuando hay una rutpura a veces, se hace daño al otro por el simple hecho de pensar que ese daño alivia en parte el malestar propio. La realidad es que cuando entras en la rueda obsesiva en la que te envueve el deseo de venganza, dejas de vivir en contacto contigo mismo, con aquello que de verdad te hace bien. Y te impide liberarte emocionalmente de las ataduras del pasado.

Es decir, el deseo de venganza te centra en el otro y no en ti mismo. Es mejor que aprendas a aceptar las cosas tal y como son. Esa es la mejor medicina para no frustrarte y para entender que la vida no siempre es justa. Es decir, que no todo el mundo te va a tratar tal y como mereces.

El sentimiento de venganza es inherente a la ira. La ira es una de las emociones con más fuerza y violencia interior, dependiendo también del daño que has padecido y que has sufrido pero también, dependiendo de tu propio equilibrio interior para afrontar con pensamiento positivo cualquier circunstancia adversa.