Cuídate y quiérete
Tal vez se dice muy fácil, pero en la práctica, no es tan sencillo quererse a uno mismo, sencillamente, porque no nos han enseñado a hacerlo. Es decir, siempre se ha confundido el amor hacia uno mismo con la soberbia y la vanidad. Nada más lejos de la realidad, la fuente del bienestar reside en ti mismo, en tu corazón y en tu capacidad de hacer las cosas como de verdad deseas. Por tanto, debes escuchar los latidos de tu corazón para saber hacia dónde quieres caminar.

Cuida de ti mismo cada día, es decir, descansa ocho horas diarias (y si lo necesitas, más), aliméntate de forma adecuada, disfruta de tu tiempo de ocio y haz planes que te hagan sentir genial, hazte regalos a ti mismo… Pero no sólo debes cuidarte sino que también debes quererte para saber que eres una persona honesta, que merece la pena y que puedes aportar muchas cosas buenas a aquellos que te rodean.

Si te quieres a ti mismo te será más fácil superar un fracaso amoroso porque no estarás poniendo tu valor en la otra persona. También podrás afrontar con más esperanza un periodo de soledad puesto que gozarás de una autonomía y de una independencia plena. Por otra parte, tu autoestima también será mayor y eso actuará como un imán en las relaciones sociales.

Existen diferentes retos y objetivos que puedes ponerte a ti mismo para alcanzar la felicidad. Pues bien, yo hoy te propongo que aprendas a cuidar de ti igual que cuidas de tu mejor amigo y que te quieras tanto que nunca te culpes por algo que no merece la pena. Dentro de ese amor que debes darte debes asumir que el ser humano es imperfecto, que todos cometemos errores y que la esperanza reside en poder superar el temor.