Dar tiempo al tiempo
Podría parecer lo más sencillo del mundo pero nada más lejos de la realidad. Dar tiempo al tiempo cuando estás en medio de una decisión importante o con un gran sentimiento de impaciencia y ansiedad es lo más difícil. Por ello, a veces, conviene cultivar la paciencia, la serenidad y el arte de la espera. Eso es lo que implica dar tiempo al tiempo: aprender a esperar. Y aprender a dejar que las cosas fluyan y sigan su curso, no el curso que dicta tu voluntad.

Las cosas pasan sencillamente, cuando tienen que pasar. Pero a veces, ante esa impaciencia se pierde frescura y naturalidad porque se fuerzan las cosas. Esto se ve claramente en el amor y es que, por ejemplo, existen personas que tienen tal grado de necesidad o incluso, de desesperación por encontrar una pareja que esa misma ansiedad es la que aleja el propio amor.

Merece la pena aprender a pensar antes de hablar, meditar las cosas y contar hasta cien, olvidarte de un tema y seguir con tu vida porque ya llegará el momento en que se resuelva. Ocúpate de aquellos asuntos que de verdad dependen de tu voluntad, cuando no sea así, entonces, vive con sabiduría y no pierdas energía en un imposible.

El tiempo forma parte de la vida. De hecho, es fácil sentir el calendario y el paso de los meses y los días. No te preocupes por problemas del ayer o del mañana y vive el hoy. Ese es tu reto para aprender a vivir un poco mejor cada día, con más calma, sensatez y sentido común. En la sociedad de la prisa nada como aprender a caminar despacio para pensar bien hacia dónde te quieres dirigir e incluso, dónde quieres descansar para observar la belleza de un paisaje infinito. Olvídate del reloj para sentir tu verdad interior.