Decepciones del día a día
En medio de esta fiebre del pensamiento positivo, a veces, parece que debemos sentirnos un poco culpables por creer que no todo es perfecto, que hay cosas que nos duelen y que hubiésemo deseado que cierta situación se hubiese producido de otra manera. La inteligencia emocional es excelente, sin embargo, también lo es que el ser humano tenga libertad para sentirse mal, triste o dolido cuando un deseo no se le ha cumplido, cuando una persona no te ha correspondido del modo en que esperabas, cuando te han dicho algo que no querías escuchar… La tristeza, la decepción, la ira y el miedo son emociones muy humanas pese a que en un afán de perfección desmedido parece que el ser humano sólo debe caminar al compás de la alegría, la ilusión y la esperanza.

El día a día tiene muchas alegrías, sin embargo, también te deja decepciones. Especialmente, dependiendo del estado de ánimo y de cómo te sientes puedes ser más o menos vulnerable ante ciertos hechos. Lo importante de una decepción no es vivirla, sino saber que se supera.

Sólo tienes que echar la vista al pasado para darte cuenta de todas las veces que tropezaste con esta piedra. Sin embargo, también es verdad que a veces, una decepción nos reporta una mayor alegría posterior. Puede que hayas tirado la toalla con una persona y de pronto, el otro te sorprenda en el momento más inesperado.

En el plano de la mente todo es exactamente como uno desea, sin embargo, la realidad nos marca los límites y una oposición clara con nuestros deseos. A veces, no tiene nada que ver cómo suceden las cosas y cómo nos hubiese gustado que se hubiesen producido. Lo mejor de todo es aceptar los propio deseos y evitar el autoengaño. Así también evitamos caer en el conformismo de aparentar que nos gustan las cosas tal y como son. La decepción también es una señal de cambio. Pero evidentemente, debemos esforzanos por ese cambio.