Decir la verdad aunque duela
Decir la verdad aunque duela es mejor que las mentiras disfrazadas que hacen sentir a la otra persona tonta consigo misma. Sencillamente, porque es fácil tener la intuición de que te están ocultando algo o engañando. En el día a día, la sinceridad es un valor en alza que te hará fomentar las relaciones sociales de calidad. Además, merece la pena que digas las cosas pronto antes que ir acumulando y guardando rencor en tu interior, porque en ese caso, el día menos pensado explotarás ante el otro con toda tu ira interna.

Atrévete a decirle a una persona que te ha dolido algo o que no te ha parecido bien su comportamiento. Hazlo por ti mismo, sin esperar nada del otro, es decir, no te centres en cómo puede actuar el otro o en qué pensará. Si te valora sabrá demostrártelo y si no, te darás cuenta muy pronto de que deberás dedicar tu tiempo a otras personas que lo aprecien más. Hay algo muy importante desde un punto de vista emocional, y es que debes sentirte libre para cambiar tu opinión respecto a las personas que te rodean más allá del tiempo que haga que las conozcas (pero especialmente, en caso de que les conozcas desde hace poco tiempo).

Se trata simplemente de observar sus hechos, sus acciones y ver cómo te hacen sentir a ti de forma indirecta. Existen personas que por una especie de deseo interior siempre realizan una lectura positiva del comportamiento de los demás, buscando justificaciones y excusas que sólo alimentan una esperanza insana de recibir el cariño que uno espera y en la forma en que uno espera recibirlo.

En la amistad compruebas muchas veces que lo que das no es lo mismo que recibes. En lo profesional también sucede. ¿Qué hacer en ese caso? La decisión es tuya.