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Las personas conectamos al cien por cien con la vida cuando entramos en contacto con valores esenciales como la bondad, la belleza natural entendida como un regalo y la verdad. Sin embargo, el ser humano puede enmascarar su opinión sobre ciertas situaciones hasta el punto de no contar la verdad. Ser sincero contigo mismo y también con los demás aporta salud emocional a tu vida.

La verdad abre puertas

La mentira es un muro y una barrera que cae tarde o temprano cuando esa mentira es descubierta. En cambio, la verdad es una puerta abierta que te permite avanzar incluso en las situaciones difíciles. En un momento de desamor se recupera antes una persona que ha dado el paso de saber qué siente el otro que otra persona que sigue con la duda eterna por miedo a conocer la verdad. La verdad te dota de certezas y de motivos para vivir, te da tranquilidad.

La verdad siempre sale a la luz

La verdad, tarde o temprano, casi siempre sale a la luz. Por tanto, es mejor tener una actitud activa para ser uno mismo y expresar una opinión importante. Las verdades ocultas se convierten en secretos y existen muchos secretos que se convierten en un lastre para aquel que guarda como si fuese un tabú algún tipo de información.

Decir la verdad

Virtudes de la verdad

La verdad se presenta llena de virtudes como la humildad, la generosidad, la valentía, el coraje, la fuerza, la sinceridad, el respeto… Por tanto, cuando cultivas la verdad en tu vida también entrenas estas fortalezas.

Decir la verdad no significa ir contando tu opinión sobre cualquier tema a otras personas sino saber hablar en el momento oportuno en una situación que por la razón que sea te implica a ti en primera persona.