Decir no, te hace libre
Decir no parece algo sencillo sin embargo, es una gran conquista a nivel emocional tener la libertad suficiente para marcar límites a los demás, no solo en el terreno personal, sino también, en el trabajo. Sin duda, conviene tener la madurez de entender que decir que no, también tiene un precio, es decir, es indispensable asumir las consecuencias de las decisiones personales. Pero está claro que cuando dices que no a algo es porque te compensa en base a tu ética personal, tus valores o tu forma de ver una situación. A las personas a las que más cuesta decir que no, son aquellas con las que tienes una relación muy cercana en la que puedes verte en el compromiso de hacer algo que te piden por el miedo a quedar mal.

Para evitar esta cuestión, siempre que digas que no a alguien, es indispensable que justifiques tu acción y expliques los motivos de tu decisión. También cuesta mucho decir que no a un superior porque se supone que tiene la autoridad para mandarte. Sin embargo, conviene recordar que en ocasiones, existen personas que se exceden en sus peticiones más allá de su propia competencia.
Decir no es un aprendizaje que se adquiere a través de la práctica, con el paso de los años irás ganando fortaleza para ser tú mismo en cualquier circunstancia.

Existe una etapa en la que cuesta más decir que no: en la adolescencia, el poder de pertenencia a un grupo es muy potente. Merece la pena aprender a vivir el momento presente con la ilusión de saber, que eres una persona capaz y autónoma para tomar tus propias decisiones sin que te importe lo que puedan pensar los demás. O al menos, sin que te importe tanto como para coaccionarte de una forma negativa en tu libertad.