Deja de preocuparte
Existen personas que están continuamente preocupadas por todo: si lo hacen bien, si lo hacen mal, si llegan pronto, si no llegan pronto, si arde la cocina, si explota el gas, si sufren un accidente de tráfico, si contraen una enfermedad grave… parece no pasar sin un minuto sin que se les ocurra algo por lo que preocuparse. Esto hace que estas personas no puedan relajarse nunca y que vivan siempre con miedo y ansiedad por el hecho de que algo negativo les pueda ocurrir.

Debido a esto, estas personas raramente pueden estar tranquilas y disfrutar del presente, como les gustaría, ya que parece como si no pudieran detener su cabeza un momento. Las demás personas les dicen que dejen de preocuparse, que no pueden estar así todo el día y ellas terminan por sentirse incomprendidas, sin poder compartir sus problemas con nadie, lo cual se añade a su lista de preocupaciones.

Este comportamiento suele ser aprendido. De padres controladores o padres preocupados y ansiosos nacen hijos que aprenden a preocuparse y a estar continuamente anticipando todo lo que puede ocurrir. Por ello, al igual que se aprende, se desaprende, aunque se tarde tiempo.

Para ello deberemos comenzar por relajar el cuerpo. Cualquier método de relajación es bueno, el que más nos ayude, aunque suelen ser muy positivos los métodos basados en la respiración, ya que ayudan a tranquilizar antes la mente. Una vez que el torbellino de pensamientos se va deteniendo, relajarse es más sencillo.

Piensa que no eres responsable de todo el mundo. Los demás, a menos que sean bebes, pueden valerse por sí mismos, salir adelante y cuidarse solos. Tú sólo eres responsable de ti mismo, no de los demás.

Dedicar diez o veinte minutos al día a preocuparnos, un tiempo marcado con el reloj. Fuera de ese tiempo, se deben detener todos los pensamientos que nos creen ansiedad.