Deja de quejarte
Si nos paráramos a pensar la cantidad de veces al día que nos quejamos por algo, nos quedaríamos sorprendidos. Más aún, seguramente no seríamos capaz de contarlas, porque para la mayoría de nosotros la queja se ha convertido en algo tan cotidiano que ya no somos conscientes de todas las quejas que formulamos, tanto en voz alta como aquellas que atraviesan nuestra mente sin llegar a ser expresadas.

Nos quejamos por tener que madrugar o por no poder hacerlo, porque el metro no llega, porque se quema la tostada, porque llueve, porque no llueve, porque hace frío, porque hace calor…. Y así hasta el infinito y, cuando nos queremos dar cuenta, nos hemos instalado en la queja.

Esto no tendría mayor importancia si no fuera porque el quejarnos continuamente demuestra que tenemos nuestra mente enfocada hacia lo negativo.

Llegamos al andén del metro y nos quejamos porque tenemos que esperar dos minutos a que llegue el convoy, y seguramente este pensamiento desencadenará todo un torrente de otros pensamientos similares que terminará por amargarnos el día cuando aún no lo hayamos comenzado.

La negatividad atrae a la negatividad, y si seguimos pensando de este modo, seguramente nuestro día será desastroso, no porque todo lo que nos ocurra lo sea, sino porque lo veremos de ese modo.

Para evitar esto, tenemos que dejar de quejarnos e intentar comenzar a ver la parte positiva de lo que nos ocurre. Si el metro tarda dos minutos, en lugar de enfadarnos pensando que llegaremos tarde, le daremos la vuelta a la idea, pensando que tenemos dos minutos más para leer tranquilamente antes de comenzar nuestro trabajo. Dar la vuelta a la queja y transformarla en algo positivo orientará nuestra mente del mismo modo, haciendo que nuestro día a día también lo sea. Simplemente basta cambiar el color con el que lo miramos.