Dejar atrás el rencor
Cuando alguien nos hace daño, nos traiciona o nos hace sufrir, no podemos evitar sentir resentimiento hacia esa persona. Pasado un tiempo, logramos poco a poco olvidarnos del daño y perdonarla, hasta superarlo y olvidarlo. A veces, sin embargo, no somos capaces de olvidarlo, sino que dejamos que ese resentimiento crezca y crezca dentro de nosotros, recordando una y otra vez obsesivamente el daño que nos hicieron sus palabras o su comportamiento, rumiando los pensamientos hasta que el resentimiento se transforma en un rencor del que nos es muy difícil librarnos y que, día a día, nos mina a nivel emocional.

El rencor es un sentimiento muy poderoso, porque está cargado de una gran negatividad, por lo que no sólo nos afecta emocionalmente, sino que puede llegar a causarnos trastornos físicos como hipertensión, estrés o incluso enfermedades cardiovasculares. Esto se debe a que, cuando sentimos rencor hacia alguien y recordamos lo sucedido o planeamos cómo vengarnos, nuestro corazón se dispara y la ansiedad aumenta, a veces hasta límites muy altos.

Además, el rencor puede hacer que nos tornemos obsesivos, y que toda nuestra vida gire en torno a vengar el daño que nos hicieron, a cultivar el odio que tenemos hacia la persona, lo que puede repercutir en nuestra vida personal y profesional, e incluso puede llegar a desembocar en un trastorno mental.

Para superar el rencor lo primero que tenemos que hacer es reconocer que tenemos ese sentimiento, identificarlo y decidir hacernos cargo de él. A continuación, si tenemos oportunidad, manifestaremos a la persona que su conducta nos ha hecho daño y por qué.

Si no tenemos oportunidad, sólo nos queda aceptar lo ocurrido y visualizar que perdonamos a la persona. Hay quienes ven en esto un acto de debilidad, pero perdonar es una forma de cuidarnos a nosotros mismos, ya que nos permite liberarnos del hecho y seguir adelante.