La mayoría de nosotros pasamos nuestros días en una carrera continua contra el tiempo y parece que, cuanto más corremos, menos tiempo tenemos para hacer las cosas. Cuando llega la noche, nos damos cuenta de que no hemos ni la mitad de lo que nos habíamos propuesto, y llegamos a la conclusión de que lo que necesitamos es que los días tengan más horas.

Pero la realidad es que, si los días tuvieran 34 horas, nos ocurriría lo mismo, es decir, llegaríamos a la noche sin haber hecho todo lo que queríamos. Esto se debe a que el secreto no es añadir más horas a nuestro día, sino aprovechar bien el tiempo que tenemos. Y hacerlo resulta bastante más sencillo de lo que pensamos.

Para ello, podemos comenzar escribiendo un horario con todo aquello que tenemos que hacer. Esto no solo nos va a ayudar a ver todo lo que tenemos que hacer, sino que también nos permitirá valorar si nos hemos comprometido a más de lo que podemos manejar, y, en este caso, deberemos rechazar aquellos compromisos a los que no podamos hacer frente. Aunque hacer esto nos parezca una pérdida de tiempo, organizarnos el día nos va a permitir aprovechar mucho más el resto del día. A los pocos días, además lograremos planificar nuestro día en un par de minutos.

No debemos tampoco dejar para el final las tareas que menos nos gustan. Sin darnos cuenta, siempre encontraremos algo que hacer y las iremos dejando y dejando hasta que se conviertan en un problema. Procura alternar una tarea que te guste y otra que no, de forma que ninguna se quede esperando eternamente a ser resuelta.

Concéntrate en terminar lo que empiezas. Tener un montón de tareas a medio hacer resulta estresante y te impide organizarte. No empieces otra nueva hasta terminar la primera.