Cómo dejar de preocuparte por lo que no depende de ti
Existen muchos factores de la vida que no controlamos y, sin embargo, con frecuencia pasamos mucho tiempo dando vueltas a estos asuntos, haciendo hipótesis y supuestos. Cuando imaginamos una situación de futuro difícil, nuestra mente reacciona en el presente como si realmente estuviese pasando por ese trance.

Una de las claves necesarias para el cambio de chip es darte cuenta de que, por pura higiene mental, no quieres estar en tensión la mayor parte del tiempo ante la amenaza de que ese hecho sí pueda ocurrir. Puede que en algún momento suceda pero no vale la pena anticiparlo.

Tener humildad

Por tanto, para dejar de preocuparnos por lo que no podemos controlar directamente debemos ser humildes para reconocer que no somos omnipresentes, tenemos una condición humana marcada por muchas fortalezas pero también, por muchos límites. Saber cuál es tu esencia también te ayuda a conocerte con realismo.

Cómo dejar de preocuparte por lo que no depende de ti

Tú decides qué te compensa más

Tú decides sí prefieres ocupar tu tiempo en alimentar angustias que parten de la recreación de la imaginación cuando es víctima del miedo o, por el contrario, prefieres alimentar tu paz interior ocupando tu tiempo en retos más a corto plazo. No se trata de reducir a cero las preocupaciones ya que, seguramente sea una utopía lograr este propósito. Pero sí es una meta muy alcanzable reducirlas.

Las personas que han pasado por una situación difícil en su vida, por ejemplo, haber superado una enfermedad con pronóstico grave, interiorizan el valor de la vida como un regalo en el que es mejor no perder el tiempo en tonterías. Porque con salud, todo lo demás es menos grave.

Y sin embargo, sin salud todo lo demás se agrava. Tristemente, con frecuencia alteramos el orden de prioridades de una vida feliz porque en ocasiones, las matemáticas tienen un valor distinto en el plano emocional donde el orden de los factores sí altera el producto.