Descubre tu personalidad a través de tu firma
Recibos de tarjetas de crédito, formularios de solicitud, documentos oficiales o no… pocos gestos hay tan cotidianos como la firma. Lo hacemos de forma automática, casi sin prestar atención a los trazos que dibujamos sobre el papel. Pero, además de nuestros nombres, al firmar decimos mucho más sobre nosotros mismos.

Por supuesto, cada firma es única, y para realizar un estudio en profundidad de cada una es necesario analizar cada uno de sus rasgos, pero sí existen rasgos comunes a todas las firmas que expresan el carácter y la forma de ser de su autor:

Si nuestra firma es totalmente legible, significa que somos personas que tenemos las ideas claras y que nos es sencillo comunicarnos con los demás. Si, por el contrario, sólo es parcialmente legible o más difícil de interpretar, indica que somos personas imaginativas, lo que nos proporciona gran adaptabilidad frente a los cambios, y que tenemos una personalidad más abierta.

Si firmamos con letras pequeñas, seguramente no tendremos mucha seguridad en nosotros mismos, mientras que si es de un tamaño regular, supone que quien firma tiene una buena imagen de sí mismo. Una firma exageradamente grande por el contrario, denota egocentrismo o que la persona se siente inferior a los demás, e intenta disimularlo.

Si primero dibujamos la rúbrica y después firmamos, somos personas prudentes que intentan planificar todos sus actos. Si nuestra rúbrica tacha nuestro nombre, suele indicar falta de autoestima de atención por parte de los demás. Si sólo firmamos con nuestro nombre, seremos personas con una gran autoestima, maduras y equilibradas.

Si nuestra rúbrica es curva, denota que somos personas afables, mientras que sí es picuda seremos más tímidos en nuestro trato con los demás. Si hacemos un punto o comillas al terminar de firmar, seguramente seremos personas perfeccionistas que gustan de terminar todos los detalles.