Dile sí a la alegría y a la esperanza
Existen emociones muy bonitas de vivir y que son muy intensas. La alegría y la esperanza son dos de ellas. Te hacen sentirte pleno y vivo. Pero además, también te ayudan a estar bien contigo mismo. Razones para estar triste y amargarte la vida, seguramente, siempre puedes encontrar, sencillamente, porque a lo largo de la vida cualquier persona acumula decepciones, heridas, tristezas y pérdidas. Sin embargo, seguro que si te lo propones puedes hacer un balance en positivo de tu existencia. Por ejemplo, puedes valorar la salud, sentirte afortunado por tener un día más de vida, saber que eres alguien especial y diferente para las personas que te quieren…

Los expertos que hablan sobre la ley de la atracción explican que en última instancia es uno mismo el que se dispone a recibir lo bueno o lo malo en su vida. Sin llevar esta idea hasta el extremo, la realidad es que es esencial estar receptivo para poder atraer las cosas buenas cuando lleguen. Y también, para poder trabajar por ellas.

La alegría y la esperanza van unidas al igual que la desesperación y la tristeza también. Puedes sentir alegría en diferentes grados: desde la sonrisa hasta el gozo pleno. Pero además, también existen diferentes causas: amor correspondido, la amistad, el éxito profesional, la belleza…

La alegría va mucho más allá del pensamiento positivo del que nos han hablado en tantas ocasiones y que a veces, puede llegar a resultar incluso artifical. ¿Por qué? Sencillamente, porque también es bueno vivir la tristeza ante las causas adecuadas y lógicas. La vida de las emociones es intensa, por ello, nadie puede evitar sentir dolor ante la pérdida de un ser querido, el sufrimiento o la enfermedad. Incluso, se puede sentir tristeza ante las desgracias ajenas que no comprendes y te parecen injustas.