Discutir sin enfadarnos
Cuando discutimos, ya sea con nuestra pareja, en el trabajo o con nuestros familiares, es muy fácil que terminemos enfadándonos. El hecho de que el otro no acepte nuestro punto de vista y siga expresando sus argumentos nos exaspera hasta tal punto que terminamos levantando la voz, dando portazos y discutiendo a grito pelado, con lo cual, lo que en un principio podría haber sido un diálogo productivo se termina convirtiendo en una batalla campal por tener razón.

Por muchas veces que nos haya ocurrido esto, es posible aprender a discutir sin enfadarse. Para ello, tenemos que ponernos en el lugar del otro, escuchar sus argumentos e intentar comprenderlos, es decir, mostrar empatía hacia él y al mismo tiempo mantener nuestra asertividad, esbozando nuestros argumentos de forma que la discusión no nos cause daño desde el punto de vista emocional ni a nosotros ni a la otra persona.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que una discusión no es una guerra y que el otro no es el enemigo, sino alguien con quien vamos a mantener un diálogo. Por ello, tanto como lo que decimos, tenemos que cuidar el cómo lo decimos.

Si lo hacemos de forma agresiva, el otro automáticamente se defenderá, porque se siente agredido y la discusión subirá de tono. Debemos cuidar el tono de la voz, los movimientos de las manos, la postura del cuerpo para que no sea agresiva…etc. Muchas veces son estos elementos los que resultan más provocativos y no el tema en sí.

Y no debemos nunca olvidarnos de respetar al otro, ya que sus opiniones, sus sentimientos y su derecho a defender sus ideas es tan válido como el nuestro. Deberemos discutir con una actitud dialogante, valorando y meditando realmente las propuestas del otro y escuchándole, al tiempo que nos sentimos respetados y escuchados. De ese modo podremos discutir sin terminar peleándonos.