Dominar el arte de la persuasión
Todos conocemos a personas que son capaces de exponer sus ideas de un modo que consiguen, en poco tiempo, que los demás compartan su punto de vista y cooperen con ellas en la realización del objetivo planteado. Otras, sin embargo, hablan y hablan y explican pero no logran convencer a nadie de las bondades de su idea. Esto se debe a que las primeras sí tienen capacidad de persuasión, saben como “vender” sus ideas y las segundas no, una cualidad que tiene gran importancia sobre todo en el ámbito profesional, de cara a la presentación de nuevas estrategias o líneas de trabajo, donde muchas veces encontramos gran reticencia a lograrlo.

Contra lo que pueda parecer, la capacidad de persuasión no tiene nada que ver con la manipulación ni con obligar a los demás a que compartan nuestro punto de vista. La capacidad de persuasión forma parte del arte de la seducción, y consiste en saber ser convincente al expresar nuestras ideas y opiniones, pero siempre sin olvidar las de los demás.

Saber escuchar es una cualidad imprescindible si queremos dominar el arte de la persuasión.

Resultamos convincentes no cuando obligamos, sino cuando argumentamos de forma correcta y coherente. Cuanto más forcemos al otro a compartir nuestra opinión, más resistencia presentará a hacerlo, ya se trate de una discusión o argumentación personal o profesional. La capacidad de convencer a otros tiene mucho que ver con nuestra actitud, nuestro lenguaje, tanto verbal como no verbal y nuestro modo de actuar.

Si tenemos fama de personas manipuladoras y torticeras, pocas serán las personas que quieran compartir sus ideas con nosotros. Si por el contrario nos consideran como personas íntegras y respetuosas de los demás, será más fácil que los demás estén abiertos a compartir nuestras ideas. Aportar, además, experiencias personales para refrendar nuestros argumentos contribuirá a aumentar nuestra credibilidad de cara a los demás.