Efecto psicológico del lenguaje
La palabra crea el mundo, es decir, establece una nueva realidad a nivel humano. Así lo establece al menos, el coaching ontológico. Y a efectos reales, es cierto que la palabra cambia tu mapa de la realidad. Así sucede cuando en el enlace de boda una pareja se da el “sí quiero”. De forma inevitable, hay algo que ya ha cambiado. Así sucede en el ejemplo contrario, es decir, cuando una persona le dice a otra que quiere romper la relación, entonces, un nuevo plano se inicia a nivel real.

Las palabras tienen tanta importancia que por ello, hay que aprender a cuidar más aquello que decimos. ¿Cómo hacerlo? A través de algo tan sencillo y tan difícil al mismo tiempo como pensar antes de hablar. Por ejemplo, resulta muy difícil controlar la ira y pensar detenidamente en qué decirle al otro sin herirle. Por suerte, con un poco de práctica, es posible.

Por otro lado, el lenguaje humano también está lleno de expresiones que no potencian en nada el bienestar emocional. Así sucede en el caso de las expresiones que empiezan por “Tengo que”. Cuando utilizas la expresión “tengo que” en muchos contextos diferentes, entonces, al final te cargas de la obligación de tener que hacer las cosas. Y la obligación te va sumando peso sobre la espalda. ¿Cómo puedes liberarte? Cambiando el “tengo que” por “quiero”.

De hecho, es así, nadie te obliga a ir a trabajar cada día, eres libre de no hacerlo, evidentemente, también tendrás que asumir unas consecuencias en caso de optar por no ir a la oficina. A través de este ejemplo, lo único que quiero mostrar es que a lo largo de nuestro día a día tomamos decisiones, sencillamente, porque nos compensan más que otras. Cuida tus palabras y también tus silencios.