El dolor de espalda y las emociones
Son muchas las personas que sufren dolor de espalda, algunas sólo en determinados momentos de sus vidas y otras casi de forma constante. Acostumbramos a achacar este dolor a malas posturas, a la edad, al desgaste físico o a la actividad diaria que realizamos, pero no siempre somos conscientes de que, muchas veces, este dolor tiene su origen en pensamientos y sentimientos que, al no poder ser manejados, el cuerpo los refleja de este modo.

El estrés y la ansiedad son dos grandes generadores de dolores de espalda. Cuando los sufrimos, se pone en marcha un mecanismo que, entre otros efectos, produce la liberación de adrenalina en el cuerpo. Esta hormona provoca un mayor nivel de contracción de los músculos, por lo que es más probable que, en momentos de estrés o ansiedad suframos contracturas de espalda, lumbalgias, etc.

Según los expertos, si alguien padece algún tipo de dolor de espalda de forma habitual y no existe ningún trastorno físico que lo justifique, la persona debería analizar sus emociones y pensamientos para encontrar cuál es el auténtico origen del mismo.

Si nos fijamos, además, notaremos que una de las partes del cuerpo en la que más se refleja nuestro estado de ánimo es la espalda. Esto se debe a que, en nuestro cerebro se encuentra una zona en la que se percibe el esquema corporal y nuestra situación espacial, y esta zona interfiere con nuestras emociones y sentimientos.

Por ello, cuando estamos deprimidos, echamos los hombros hacia adelante y curvamos la espalda, mientras que cuando notamos que la agresividad nos invade nuestra espalda se adelanta mientras echamos el cuello hacia atrás, reflejando nuestros sentimientos.

Es necesario, entonces expresar nuestros sentimientos y pensamientos, para, de ese modo, liberar los músculos de la espalda y evitar el dolor de la misma.