El dolor inevitable por la muerte de un ser querido
El ser humano, por naturaleza, persigue el placer y evita el dolor en la medida de lo posible. Sin embargo, existen sufrimientos inevitables contra los que la persona siente que tiene frente a sí un muro. Un muro de frustración, enfado, impotencia y rabia. La muerte de un ser querido muestra la dureza que acompaña a ciertas situaciones que son imposibles de cambiar. La aceptación de lo ocurrido es muy importante, sin embargo, esta asimilación no suele ser automática sino que requiere de un proceso. Un proceso que acompaña al propio duelo.

Vivir con sufrimiento

Existen etapas de la vida en las que literalmente, la persona sigue adelante cargando sobre su espalda con el peso del sufrimiento. El día a día se hace más duro, la motivación en el trabajo también es menor y el cansancio aumenta. Aunque es saludable separar vida personal y ámbito profesional, el ser humano no es una máquina.

Por lo que es posible que una persona sienta que tiene un menor nivel de energía al sufrir una tristeza importante. Por suerte, el dolor duele cada día un poco menos, en un proceso de recuperación que no tiene una duración concreta puesto que cada caso es distinto. Sin embargo, es fundamental tener un estilo de vida activo frente al dolor y continuar con unas rutinas concretas.

El dolor inevitable por la muerte de un ser querido

Continuar el camino

La muerte de un ser querido marca un punto de inflexión en la vida de una persona como muestra el poder de la ausencia. Sin embargo, la vida continúa y el ser humano tiene una enorme capacidad de resiliencia. Mañana se celebra el día de Todos los Santos. Una jornada de recuerdo hacia todos aquellos seres queridos que ya no están. Dicho recuerdo, también es terapéutico, porque es una forma de homenaje y de gratitud.