El error de querer cambiar a las personas
Existen muchas cosas que puedes cambiar de ti, de tu mundo y de tu realidad. Sin embargo, existe un aspecto en el que no tienes ningún poder. Esta es una de las razones por las que es una fuente de frustración constante en el amor, querer cambiar a una pareja, por ejemplo. Nadie cambia a menos que por pura decisión asuma que debe de hacer algunas modificaciones en sus comportamientos.

La vida y la felicidad dependen de uno mismo, sin embargo, se sufre mucho desde la insatisfacción crónica que genera querer cambiar a otros. El amor de verdad se pone en práctica a través de la aceptación. Un arte difícil y sencillo al mismo tiempo. Eso no significa que no puedas hacer nada cuando haya algo que te moleste o que te duela de otra persona. Puedes exteriorizarlo de una forma asertiva, explicar qué es lo que te afecta en primera persona y a partir de ahí, confiar en la libertad del otro ser humano. Si esa persona te aprecia de verdad, seguramente, tendrá en cuenta tus palabras a la hora de no volver a herirte.

En vez de querer cambiar a los demás, intenta mirar dentro de ti para centrar toda tu energía de una forma constructiva en ti mismo. Analiza en qué planos puedes crecer como ser humano, qué cosas puedes hacer para vivir de una forma más plena, qué medios puedes utilizar para centrarte más en el presente… Poner la lupa emocional en la pareja, en la familia o en los amigos te hará sentir frustración y también impotencia y enfado. Ya que quieres cambiar algo que no depende de ti sino de la voluntad ajena.

Para aprender a amar mejor, es adecuado centrar la atención en los aspectos positivos de los demás, en sus virtudes… Relativiza las carencias que todo ser humano tiene porque no existe la perfección.