Tener una sana autoestima resulta necesario para lograr una vida plena, y desarrollarnos plenamente tanto desde un punto de vista emocional como personal. Habitualmente, el problema surge cuando nuestra autoestima está baja, que nos lleva a comportamientos como una necesidad excesiva de aceptación, pensar que los demás son superiores o más válidos, etc.

Sin embargo, tan perjudicial para nuestra vida emocional como tener una baja autoestima es tener un exceso de autoestima, ya que influye negativamente en nuestras relaciones con los demás, dificultándolas y provocando un gran desgaste psicológico en la persona que la sufre.

Contra lo que pueda parecer el exceso de autoestima suele aparecer en personas con gran cantidad de miedos y complejos y que tienen una gran inseguridad acerca de su propia valía. Es esto lo que los lleva a mostrar siempre su superioridad y a necesitar continuamente el aplauso de los demás. Cuando no lo obtienen, son habituales el deseo de venganza, las explosiones de rabia y los comportamientos manipuladores para cambiar la opinión del otro.

Una autoestima excesiva, además, puede dar lugar a una serie de problemas psicológicos, como la personalidad narcisista o, en casos más graves, el delirio de grandeza, que suele darse en casos graves de psicosis.

Sin llegar a estos extremos un exceso de autoestima también puede llevar a quien lo padece a sufrir depresión, debido a que la persona siente que la vida no le compensa como se merece, y dada su escasa tolerancia a la frustración, acaba sintiéndose deprimida.

Para evitar este exceso de autoestima, es aconsejable acudir a un psicólogo que nos ayude a encontrar estrategias que nos ayuden a superar los miedos y complejos que nos empujan al exceso de autoestima, así como a enfrentarnos a las frustraciones y desengaños que nos puedan surgir en el día a día.