El gozo de las buenas noticias
Lo cierto es que los medios de comunicación, a veces, sólo dan a conocer las malas noticias. Aquellas que producen tristeza y dolor a través de la empatía que causa ponerte en el lugar del otro. Existen tragedias por las que nadie debería convertirse en protagonista. Sin embargo, gracias a lo negativo también se valora más lo positivo, esas buenas noticias que llenan tu alma de alegría, de ilusión y de esperanza.

De una forma lógica, las alegrías siempre son más fuertes cuando se viven y se disfrutan en primera persona, es decir, cuando es uno mismo el que se siente afortunado por un hecho determinado. Pero para poder valorar una buena noticia no es necesario esperar a que pasen siglos, es decir, conviene aprender a observar las inmensas alegrías de la rutina. Por ejemplo, siéntete afortunado por tener salud y que tu familia también se encuentre bien. Alégrate por tener un techo en el que dormir cada noche y poder disfrutar también de planes sencillos como ver la televisión. Existen mendigos que piden limosna en la puerta de una iglesia y viven al amparo de la soledad.

Acude cada día al trabajo con una motivación nueva. Puede que no sea el trabajo de tus sueños pero seguro que te sientes afortunado si te pones en el lugar de aquellos que están en desempleo y llevan meses esperando una llamada de teléfono para concertar una entrevista de trabajo.

Existen otras buenas noticias: siéntete un hombre con suerte por tener amigos, por vivir en una ciudad bonita donde poder pasear en bicicleta. La verdadera sabiduría se encuentra en el sabor de los pequeños detalles que son precisamente, los que hacen que tu vida sea grande. Aprender a valorar las buenas noticias implica, vivir conectado a la ilusión de las cosas bellas y agradables.