El individualismo, una forma de autodefensa
La sociedad actual es individualista y es un claro contraste con la sociedad del bien común propia de Sócrates, Platón o Aristóteles. Por otra parte, también es verdad que ese individualismo se nota todavía mucho más en las grandes ciudades. Más allá de esta cuestión, el individualismo también es una forma de autodefensa psicológica ante la decepción. Está claro que apostar por las personas tiene un riesgo, que no siempre las amistades salen bien, que a veces, te pueden partir el corazón… ¿Qué hacen algunas personas ante este tipo de situaciones?

Aislarse, alejarse y decir adiós a la esperanza. Es decir, caer en el individualismo de creer que no necesitan a nadie más para ser feliz. El individualismo temporal no es ningún problema, de hecho, habrá momentos en los que necesites estar solo, centrarte en ti y no tendrás energía para nada más, sin que ello signifique ser egoísta.

Sin embargo, es una pena tomar el individualismo como forma de vida y como forma de protección ante la decepción, sencillamente, porque si nunca te arriesgas, tampoco nunca podrás ganar. Si no lo intentas no sabrás cuál será el resultado final. Y porque más allá de cuál sea el resultado siempre deberías estar orgulloso de ti mismo por haberlo intentado. El dolor de la decepción duele pero todavía es más intenso el sabor de la soledad.

Especialmente, la soledad es dura en momentos de enfermedad cuando necesitas que alguien se haga cargo de tu fragilidad y de tu vulnerabilidad. Pero especialmente, la vida pasa tan rápido que es una pena desperdiciar los días, los minutos y los segundos, recordando el dolor, y sin dejar que una rendija de luz entre de par en par por tu ventana cada mañana. El individualismo no te aporta nada bueno, así que apuesta por la amistad y por la confianza. No la confianza ciega sino aquella que esté basada en razones.