El lado negativo del pensamiento positivo
Yo también me he formado en esta especie de fiebre del pensamiento positivo. Me parece una fiebre cuando no se vive de la forma adecuada y en un contexto determinado. Sencillamente, porque claro que se vive mejor haciéndote la vida agradable a ti mismo, dejando de lado lo negativo… Sin embargo, en medio de la euforia del pensar siempre en positivo corremos el peligro de perder de vista los límites de la realidad.

Más allá de aquello que dicen libros como El Secreto, lo cierto es que por mucho que te lo propongas nunca lograrás hacer realidad todos tus sueños a lo largo de la vida. Esto no es dramático, sencillamente, es la vida. Y gracias a que no alcanzamos todo lo que deseamos, valoramos tanto los triunfos y los éxitos.

Del mismo modo, gracias a que no todo en la vida es de color de rosa, también vivimos de una forma especial el desamor, la decepción de un amigo o la falta de trabajo. Después de un momento de dolor, te cuesta un esfuerzo recuperarte. Un esfuerzo que va mucho más lejos de pensar en positivo. Al final, al igual que una enfermedad, el desamor te invita a cuidar de ti mismo, a dormir más, alimentarte bien, descansar, evitar cosas que te puedan hacer daño….

La corriente del pensamiento positivo, llevada a su extremo puede llevarnos a sentir culpables por tener un momento de debilidad, por no poder ver el vaso medio lleno y por no sentirnos todo lo bien que deberíamos. Pero es humano que puedas sentirte así ya que aquello que nos hace ser personas es precisamente, nuestra vulnerabilidad. No somos máquinas ni entidades ideales. Nos dejamos afectar por aquello que nos rodea. El lado positivo, precisamente, reside en la capacidad que tenemos de recuperarnos incluso del dolor más dramático. Para reflexionar sobre esta cuestión te invito a leer un libro: El hombre en busca de sentido de Victor Frankl.