El miedo, una emoción que te paraliza en el arte de ser feliz
El miedo es una emoción extraña puesto que por una parte resulta de gran utilidad, es decir, es totalmente necesaria para la supervivencia humana. El miedo te hace actuar con prudencia cuando por ejemplo, no pones la mano en el fuego porque sabes que quema. Del mismo modo, el miedo también te hace valorar otro tipo de riesgos con los que convives en el día a día.

Sin embargo, el miedo también puede ser negativo cuando se muestra a través de una fobia o de un temor irracional, es decir, un miedo que no tiene una causa objetiva y concreta para aparecer. En este tipo de temores, el ser humano queda atrapado por la emoción y es incapaz de dominarla. Especialmente porque de forma equivocada, muchas personas terminan evitando hacer aquellas cosas que les producen ansiedad, malestar o miedo. Las evitan sin darse cuenta de que al actuar de este modo, en ver de afrontar los problemas de frente salen huyendo. Y en este caso, la emoción aumenta, es decir, el miedo va a más.

Afrontar el temor es tan sencillo como pensar menos y actuar más. Por ejemplo, cualquier persona que está en desempleo y está buscando un trabajo tiene miedo de no encontrarlo. Sin embargo, esa emoción no debe de paralizarte sino que puede ser un punto de motivación para la superación de tu capacidad en el arte de ser feliz. Piensa en todas aquellas cosas que dejaste de hacer en algún momento de tu vida por sentir miedo. Aprende a liberarte para ello puedes empezar con pequeños objetivos concreto. Por ejemplo, si sufres claustrofobia puedes comenzar a montarte en el ascensor solo unos días a la semana hasta que te acostumbres del todo. Cada reto que superes debe darte fuerza.

El miedo también interfiere en las relaciones personales. Tal vez hace tiempo que estás deseando llamar por teléfono a una persona para pedirle perdón por un tema determinado pero te dé miedo su reacción. En algún momento descubrirás que los problemas son menores cuando se afrontan a tiempo al margen del resultado. Lo más importante es que te quedes tranquilo contigo mismo. Sin duda, la aventura de la felicidad merece la pena.