El otoño invita a la introspección
Durante el otoño el alma se repliega sobre sí misma, es decir, tiene más capacidad de centrarse en la interioridad para pensar en temas humanos, en nuevos proyectos que llevar a cabo a lo largo del año, también se pasa más tiempo en la calma del hogar, disfrutamos de una mejor programación televisiva, existen más ratos de soledad porque los planes con los amigos disminuyen respecto al verano… Y es que, en vacaciones es prácticamente imposible pararte a pensar en ti mismo, sencillamente, porque las tentaciones del entorno son infinitas: muchas horas de sol que favorecen los planes de ocio y las actividades en grupo, música, conciertos, cine al aire libre…

Por ello, en cierto modo, el mes de septiembre supone un punto de inflexión en el camino. Aunque también es verdad que se trata de un mes de adaptación al cambio en tanto que es necesario hacer frente a la rutina y a los nuevos proyectos laborales y de formación. La introspección es esencial para descubrir las cosas verdaderamente importantes de tu vida: ¿Quién eres?, ¿Qué quieres?, ¿Qué te gustaría hacer con tu destino?, ¿Qué es para ti la felicidad?

Se trata de cuestiones que merece la pena responder en algún momento de la vida. Pero además, el otoño también es una época que invita mucho al contacto con la naturaleza, a los paseos al final de la tarde para disfrutar de la caída de las hojas de los árboles, observar cómo el cambio no es sólo una realidad de la persona sino también, del paisaje caduco de estos meses.

La introspección está vinculada con el autoconocimiento, tú eres quien mejor te puedes conocer a ti mismo pero para ello, debes poner en práctica el arte de la sabiduría para diferenciar lo esencial de lo accidental, es decir, lo importante de lo secundario.