El pánico de morir
Hace generaciones, el hecho de morir era una realidad totalmente natural en el ser humano. Y la verdad, es que es una lástima que la sociedad tecnológica, el ideal del confort y el bienestar en el que vivimos, nos hayan llevado al punto de evitar el tema de la muerte como un tabú total. El dolor aumenta ante la falta de aceptación de un hecho que es natural, más allá de que, es contrario a la voluntad.

Y es que, el deseo de existir sigue vivo en el corazón de las personas más allá de que tengan ochenta años. Al menos así sucede en muchos casos. Evidentemente, también existe la situación contraria, la de aquellos que quieren poner punto y final a su vida. Pero el suicidio no es un fenómeno habitual, afortunadamente.

La muerte es una realidad de la vida. Dos términos que reflejan un contraste claro: el de la esperanza y el de la tristeza. Cuando naces toda tu familia te da la bienvenida y se alegra contigo, por el contrario, cuando alguien muere, el entorno más cercano llora la ausencia sin consuelo.

El pánico de morir produce angustia hasta el punto de que puede llegar a paralizarte. Sin embargo, teniendo en cuenta que la muerte no es algo que dependa de tu campo de acción, lo único que puedes hacer es centrarte en tu vida, en tu presente, en hacer planes con la gente a la que quieres, en hacer causas sociales y contribuir a la construcción de un mundo mejor. Céntrate en la vida, en las cosas buenas que pueden pasarte, incluso, aunque estés en la vejez, no pierdas la ilusión por las pequeñas cosas y vive de verdad con el corazón despierto al mundo. El otoño es una época que a veces, invita a la instropección ante el cielo gris y los días más cortos, sin embargo, no te quedes en casa pensando y dando vueltas a la cabeza.