El pensamiento mágico: buscando la suerte
Si vemos un gato negro, tendremos mala suerte, pero si a nuestro lado sobrevuela una mariposa, la suerte nos será favorable. Aunque en principio puede sonar ridículo, todos los seres humanos tenemos creencias en relación con números que nos dan buena o mala suerte, amuletos que nos ayudarán a pasar un examen o gestos tan sencillos como intentar comenzar el día con el pie derecho.

Esta creencia de que ciertos hechos van a tener efectos positivos o negativos en nuestras vidas es lo que se denomina pensamiento mágico y de él nacen las manías, supersticiones, los amuletos y toda la serie de rituales que ponemos en marcha cuando queremos que la suerte nos sea favorable.

Este tipo de pensamiento se opone al pensamiento racional, es decir, el que utilizamos para analizar los hechos de forma objetiva y extraer consecuencias de ellos para aplicarlas a experiencias posteriores. En el pensamiento mágico se toman como reales creencias que no tienen una base científica ni racional, pero que son aceptadas como reales por el sujeto, sobre todo porque son compartidas por gran parte de su entorno o si, después de un determinado hecho, hemos sido afortunados en algo, ya que tenderemos a determinar ese hecho u objeto como garante de nuestra buena suerte.

El pensamiento mágico es connatural al ser humano porque, según la psicología, tiene un poder estabilizador de la psiquis, y sirve como un mecanismo de defensa en caso de que la persona esté atravesando por un hecho doloroso o traumático, ya que le permite creer que tiene un cierto control sobre los acontecimientos y, sobre todo, conservar la esperanza de que la situación dolorosa se tornará favorable en algún momento del futuro.

Sin embargo, aunque confiar en la suerte nos puede ayudar, no debemos dejar que estas creencias influyan en nuestra vida hasta el punto de tomar decisiones basándonos en ellas, porque, perderíamos nuestra libertad de elegir.