El perdón llega cuando muere el dolor
El perdón es una palabra que tiene un alto valor a nivel emocional. Los beneficios del perdón son innumerables no sólo para quien los recibe sino todavía más para quien lo otorga y se libera de una pesada carga que lleva sobre la espalda. No perdonar implica seguir alimentando el resentimiento, el enfado, la frustración y la rabia. Estas emociones te contaminan a la hora de vivir el presente. Pero perdonar no es tan fácil, todavía más si la herida ha sido muy profunda.

Por ello, no es bueno que una persona se sienta culpable al no poder perdonar un suceso. Es importante dar tiempo al tiempo porque el perdón se produce de una forma natural una vez que muere el dolor. Hasta entonces, la persona puede atravesar diferentes etapas en las que se distancia del conflicto y se vuelve a acercar cada cierto tiempo. Por ejemplo, si estás enemistado con una persona puede que esta situación no te suponga malestar si se trata de un viejo amigo del pasado al que ya no ves.

En cambio, si te encuentras de una forma casual por la calle, puede que esa situación te haga sentir mal en caso de que todavía no hayas perdonado. En cambio, si dentro de ti, su presencia te resulta totalmente indiferente, felicidades, porque la puerta del ayer ya quedó detrás de ti.

Muchas personas ante un conflicto tienen una gran impaciencia porque todo vuelva a ser como antes. Muchas veces en la vida, las cosas ya no vuelven a ser igual que antes como consecuencia de un conflicto pero pueden ser incluso mejores. Pero es un error forzar una situación de perdón porque tiene que surgir de lo más hondo del corazón, por ello, es indispensable respetar la libertad de la otra persona y su ritmo.