El placer de mirar a los ojos
En una sociedad tecnológica al extremo tal vez, se ha perdido la capacidad de valorar lo realmente humano. Afortunadamente, hoy día, las tecnologías también se ponen a favor de los sentimientos, por ello, las estadísticas muestran que cada vez existen más personas que se conocen a través de internet y cuya historia de amor se afianza luego en la realidad. Sin embargo, más allá de toda maquinaria, existe una especie de milagro mayor en cualquier ámbito: el de poder mirar a los ojos de la otra persona tanto en los momentos de alegría como en los de tristeza.

El placer de mirar a los ojos te hace entrar en contacto con el otro. Pero además, cuando conocemos bien a una persona, a veces, podemos saber cómo se siente a través de la mirada. En ese caso, ante un amigo que se encuentra triste lo único que puedes hacer es consolarle, escucharle y dejar que se desahogue. Existe una actitud equivocada y es la de decirle “no llores” a alguien que lo está haciendo.

A veces, ver el dolor en alguien que apreciamos nos resulta doloroso. Sin embargo, debemos aprender a escuchar las propias emociones y también las de los demás. Las lágrimas que recorren el rostro de una persona son terapéuticas desde un punto de vista filosófico. Y para una persona que está triste, resulta todo un alivio poder sentir el cariño en los ojos de un buen amigo.

Desde el punto de vista del amor, son varios los filósofos que han analizado el efecto de la mirada y de la contemplación en relación con el enamoramiento. No te sientes igual cuando miras a una persona que te resulta indiferente que cuando miras a quien de verdad te importa y las miradas son correspondidas. En ese caso, la sensación de plenitud interior es extrema.