El placer emocional del reencuentro
Un reencuentro como su propio nombre indica remite al hecho de encontrarte de nuevo con una persona, una situación o incluso, contigo mismo. En cierto modo, cuando se trata de un reencuentro que te hace feliz y que deseas, te produce sensaciones de seguridad y confianza que son semejantes al hecho de volver a casa. En cierto modo, las personas somos como casas con puertas y ventanas. En un momento de tristeza solemos cerrar la puerta para dejar que entren solo a nuestro yo interior aquellos que de verdad queremos.

Sin embargo, en una situación de alegría, por ejemplo, una celebración, invitamos a muchas personas porque como expresa Tomás de Aquino la alegría siempre aumenta cuando se comparte mientras que la tristeza disminuye al repartirse entre varias personas. Pues bien, el reencuentro produce placer a nivel emocional. El placer es el equivalente físico al gozo espiritual. La verdad es que existen personas a las que aprecias y te alegras de ver. Gente con la que compartes algo o te despierta una sensación de bienestar.

Es evidente, que conviene dar tiempo al tiempo para conocer a las personas y poder conocer a los demás. Por ello, en la medida en que el conocimiento mutuo avanza también crece la sensación de estar bien junto al otro cuando se trata de un sentimiento recíproco. Eso es la amistad. Un verdadero regalo que alcanza cotas de intensidad en instantes de ese tipo, por ejemplo, ante un reencuentro.

Después de un tiempo sin verte tienes muchas cosas que contarle al otro, y también, surgen muchos recuerdos y buenos momentos que al ser revividos de nuevo producen alegría. Sin embargo, también puedes reencontrarte de nuevo con un lugar que tuvo un significado importante para ti o incluso, contigo mismo. Así sucede tras una época de tristeza extrema o una depresión.