El poder curativo del amor
El amor cura el alma humana: así de sencillo y así de complicado al mismo tiempo. Cuando hablamos de amor, no nos referimos a amor de pareja, que también, sino a cualquier tipo de afecto en general. Es decir, a todo aquel sentimiento que te permite sentirte reconocido por otro, en un momento de debilidad emocional, cuando tienes la sensación de que ya no puedes más. El alma tiene sus tiempos, es decir, sus periodos de descanso para recuperar energía. Y lo que es más cierto es que a veces, el cuerpo y la mente, no caminan en armonía, es decir, hay una perfección que se ha roto. Así sucede, por ejemplo, cuando después de un periodo largo de estrés, tu mente, quiere recuperar pronto la normalidad, pero en cambio, el cuerpo dice: “No puedo”.

El amor cura. Y la soledad es uno de los mayores dramas de la sociedad actual marcada por el individualismo y por la apatía. La soledad surge en aquellos que se sienten mal cuando comprueban que cada uno va a lo suyo, y que en cierto modo, sienten que son indiferentes. De forma curiosa, el voluntariado se ha convertido en una forma de dar importancia a muchas personas que habían perdido de vista cuál era su verdadero valor.

El amor no sólo cura a aquel que lo recibe, sino también, a aquel que se atreve a amar y a compartir de verdad su mundo y su vida con otra persona. El amor es lo que nos hace sentirnos partícipes de un proyecto importante, de las relaciones interpersonales y del mundo en particular. La amistad es una forma muy potente de afecto entre dos personas, por supuesto, existen diferntes grados del sentimiento.

La soledad se tolera mal en cualquier momento de la vida. Sin embargo, existen colectivos que son, especialmente vulnerables. Por ejemplo, los ancianos y los niños.