El poder de las afirmaciones positivas
Actualmente la mayoría de libros de autoayuda aconsejan realizar afirmaciones positivas para conseguir tanto cambiar lo que no nos gusta de nuestra vida como lograr nuestros objetivos. Independientemente de lo que queramos (escribir un libro, ganar un millón de euros, perder cincuenta kilos o dar la vuelta al mundo), las afirmaciones positivas parece que pueden lograr que lo consigamos. Pero ¿son realmente efectivas?

Diversos estudios determinan que sí lo son siempre que las realicemos de forma correcta y, para lograrlo, es necesario que estemos totalmente concentrados mientras las realizamos. Muchas personas las hacen mientras se lavan los dientes o lavan los cacharros, al tiempo que están pensando en mil cosas más. De ese modo, no se consigue el principal beneficio de las afirmaciones positivas, como es crear nuevas conexiones neuronales que nos ayuden a cambiar nuestras pautas de pensamiento habituales.

Por ello lo mejor es realizar las afirmaciones mirándose al espejo, en un momento en el que estemos tranquilos y dispongamos de suficiente tiempo. Vernos a nosotros mismos realizando afirmaciones positivas tiene mucho más impacto sobre el cerebro que si no lo hacemos, y además ello nos permite mantener la concentración mientras las realizamos.

La efectividad de estas afirmaciones se basa también en que nuestra mente inconsciente, a diferencia de la consciente, no puede diferenciar entre lo que es real y lo que no, por lo que todo pensamiento o idea es “creído” por ella. Si aunque formulemos las afirmaciones de forma correcta el cambio que esperamos no se produce, se debe a bloqueos también instalados en nuestra mente inconsciente, que deben ser resueltos antes de proceder al cambio.

Finalmente, deberemos tener en cuenta que el cambio no es automático. Necesitamos ser constantes durante un cierto espacio de tiempo (varía según cada persona), después del cual las afirmaciones comenzarán a dar su fruto.