El sentimiento de culpa
Metemos la pata y el sentimiento de culpa nos corroe. Una y otra vez le damos vueltas a lo que ocurrió, lamentando no poder dar marcha atrás en el tiempo y poder cambiar la situación. Aunque arrepentirnos si hemos causado daño a alguien es normal, experimentar un nivel exagerado de culpa puede llevarnos a sufrir trastornos como depresión, ansiedad, etc.

La persona con un sentimiento exacerbado de culpa se culpa por todo: lo que hizo, lo que no hizo, lo que pudo hacer. Este sentimiento resulta patológico cuando aparece incluso ante algo tan nimio como que un amigo nos pida hacernos un favor. Quizá no podamos ayudarle en ese momento, pero si le decimos que no, nos sentiremos culpables y si ese sentimiento es muy profundo nos sentiremos tan mal que intentaremos evitarlo de cualquier modo, incluso sobrepasando nuestros límites.

Normalmente el sentimiento de culpa exagerado se origina en la infancia, cuando nuestros padres, profesores y otros adultos que nos rodeaban nos hacían sentirnos culpables por cada error que cometíamos, aunque fuera muy pequeño. Muchos adultos sólo saben relacionarse con los demás haciéndoles sentir culpables. Si se relaciona con otro adulto, este puede delimitar su responsabilidad, pero un niño no es capaz de hacerlo, por lo que asume la culpa que el adulto deposita sobre él, hasta hacerla suya, cargando con su responsabilidad y con la del adulto. Todo esto deriva en un adolescente y un adulto que se siente culpable por todo, incluso de lo que no ha tenido responsabilidad.

Para liberarse del sentimiento de culpa lo mejor es determinar realmente cuál ha sido nuestra responsabilidad en el hecho. Responsabilidad y culpabilidad son diferentes. La responsabilidad indica que hemos cometido un error y que podemos subsanarlo, mientras que la culpabilidad sólo nos permite sentirnos mal y no poder salir del agujero de la culpa.