El síndrome de Peter Pan
Peter Pan, el protagonista de la novela de J.M. Barrie que fue llevada al cine por Walt Disney se caracteriza por ser un niño que no quiere convertirse en adulto. Es por ello que se ha dado su nombre al síndrome que sufren aquellas personas que, cuando llegan a la edad adulta siguen comportándose como niños.

Los psicólogos no se ponen de acuerdo sobre cuál es la causa de que en estos pacientes la infancia continúe en la madurez, aunque en todos ellos se da el hecho de que no han pasado por el periodo de la adolescencia, bien por haber sufrido una experiencia traumática o cualquier otra razón que les ha privado de su adolescencia, como el tener que ocuparse de sus hermanos en esta etapa por el fallecimiento de uno de los progenitores, etc.

Las personas que sufren este síndrome tienden a depender en gran medida de sus padres, tienen miedo de las responsabilidades y las obligaciones y les horrorizan los compromisos. En el ámbito profesional suelen conseguir subempleos aunque posean un alto nivel de estudios.

Sienten también un gran miedo a la soledad, y no se comprometen porque creen, como los niños que un compromiso pone coto a su libertad. No se responsabilizan de lo que hacen y viven permanentemente insatisfechos, aunque nunca toman decisiones tendentes a cambiar su situación. A la larga acaban teniendo problemas de entendimiento tanto con sus familiares como con sus parejas.

El hecho de que estos pacientes puedan continuar viviendo como niños en un mundo de adultos se debe a que siempre tienen al lado a alguien que cubre sus necesidades básicas, normalmente una mujer que sufre el síndrome complementario al de Peter Pan, el denominado síndrome de Wendy. Ambos se complementan y permiten que los comportamientos se perpetúen.