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El éxito es una palabra tan tentadora en su significado que parece que el camino hacia él es un recorrido sencillo, cómodo y confortable. Nada más lejos de la realidad, en general, cuanto mayor es el éxito, mayor es el esfuerzo, y por tanto, también, más grande es el sufrimiento que surge en forma de renuncia a ciertos placeres y en forma de sacrificio. Se trata de un sufrimiento elegido de una forma consciente.

Cualquier persona que ha preparado una oposición, ha realizado el doctorado, ha creado una empresa o ha llevado a cabo cualquier otro tipo de proyecto, sabe que la satisfacción es inmensa pero también, el precio que se paga en ciertos momentos es alto cuando la fuerza de voluntad decae, el cansancio hace acto de presencia y las dudas te llenan la mente.

La tolerancia hacia el sufrimiento

Tener tolerancia hacia el sufrimiento implica tener un grado de madurez importante para saber que a nivel personal, siempre que tomas una elección también estás renunciando a otras alternativas. Las personas que tienen una baja resistencia hacia la frustración que genera el no, se bloquean porque quieren tenerlo todo, pero sin pasar por el duro camino que implica cada objetivo.

Gracias a ese sufrimiento que acompaña todo proceso de éxito, se valora mucho más un triunfo. Si todo fuese tan fácil entonces, no daríamos el valor adecuado a cada meta.

El sufrimiento forma parte del éxito

Prémiate por llegar a la meta

Sufrimiento y placer tienen que estar compensados. Y curiosamente, existen personas que como consecuencia de una baja autoestima, después de haber hecho un gran esfuerzo por alcanzar una meta, no se premian como merecen por este logro. Darte un premio implica darte el placer que mereces por todo el empeño que has puesto.

Por ello, al llegar a una meta, es bueno que te des un premio, simplemente, porque te lo mereces. No tiene por qué ser un regalo material, puedes regalarte un plan de ocio, o cualquier cosa que te haga bien a ti.