El transtorno de la prisa
Parece una ironía… ¿La prisa es una enfermedad? La realidad es que no, es decir, ningún médico te dará una receta para curar la prisa como si se tratara de un síntoma grave. Sin embargo, desde un punto de vista emocional no es nada bueno vivir con prisa a todas horas, en medio de la presión y de la angustia por el tiempo, sin buscar espacios para la calma y el relax.

En cierto modo, en una sociedad competitiva al extremo en donde la formación y el rendimiento son un valor en alza, parece que se pierde de vista que perder el tiempo también es bueno porque el descanso es necesario y también un placer. Cuando has tenido una semana dura nada como permitirte el placer de disfrutar de la pereza más absoluta una tarde de sábado.

En medio de la prisa, además, se pierden de vista los pequeños detalles, los gestos de cariño hacia las personas importantes… En las grandes ciudades, pueden pasar meses sin que algunos amigos se vean, porque en las grandes urbes es precisamente, donde la sensación de prisa aumenta ante las grandes distancias y los atascos de tráfico que contrastan con la calma de un pueblo. Donde se escucha el sonido de los pájaros y el agua del río.

El exceso de prisa te impide pararte a pensar en relación con cosas tan importantes como hacia dónde te quieres dirigir para ser feliz. Muchas personas caminan sin rumbo fijo, totalmente desorientadas más allá de que a todas horas estén perfectamente ocupadas. Camina despacio y con calma, disfrutando del trayecto de la vida. Pero no seas prisionero de la prisa y vive con sabiduría. Por ello, de vez en cuando, deja el reloj en casa y no te preocupes por los minutos ni los segundos para poder sentir el presente de verdad.