El valor de equivocarse
Muchas personas, sobre todo si son de naturaleza perfeccionista, se aterran ante la posibilidad de cometer un error. Quieren que todo esté perfecto, que su actuación siempre sea intachable y tenerlo todo bajo control, lo cual les lleva a no actuar para no equivocarse.

Según la Programación Neurolingüística (PNL) no los errores no son equivocaciones, sino cosas que no resultan como esperamos. Pero ese resultado tiene un gran valor, ya que esa equivocación es la que nos va a permitir aprender.


De hecho, está comprobado que las cosas que mejor aprendemos no son aquellas que nos salen bien a la primera, sino aquellas otras en las que hemos tenido que ensayar varias soluciones hasta dar con la forma correcta de llevarlas a cabo.

Equivocarse nos da la oportunidad de aprender, de rectificar, de cambiar nuestra conducta. Si algo no funciona, podemos intentarlo de otra forma.

Por ello, si nos equivocamos, no debemos sentirnos culpables pensando que metimos la pata y que la situación es irresoluble. Debemos tener en cuenta que, cuando tomamos una decisión o hacemos una elección, la hacemos teniendo en cuenta todo lo que sabemos en ese momento.

Quizá nos equivocamos al elegir nuestros estudios o a nuestra primera pareja, pero si lo hicimos fue porque, en aquel momento, era, sin duda, lo mejor para nosotros. Observando en qué nos hemos equivocado o qué hemos pasado por alto, maduramos y aumentamos nuestro conocimiento de nosotros mismos.

Además, equivocarse aumenta nuestra creatividad. Si estás en un laberinto y llegas a un muro que no te permite seguir avanzando, estás obligado a descubrir la manera de llegar a tu destino, para lo cual deberás pensar en diferentes soluciones para lograrlo. El encontrarte más veces ante una pared antes de hallar la salida te ayudará a estimular no sólo la creatividad, sino la confianza en ti mismo.