El veneno de la prisa
Saber esperar resulta todo un arte. Y no sólo en los momentos de tristeza, por ejemplo, en el dolor, el sufrimiento, la enfermedad o la tragedia. También en los momentos de máxima alegría es difícil saber esperar. De hecho, siempre surge la impaciencia ante esa primera cita con esa persona que te gusta tanto. La impaciencia muestra la prisa porque llegue un momento determinado. En algunas ocasiones, por ganas de que ese momento pase pronto, por ejemplo, cuando una persona tiene que someterse a una operación quirúrgica.

Y en otros casos, por ganas de pasar un momento perfecto y saber qué sucederá exactamente. Pero al final, la impaciencia se convierte en ese enemigo que te impide vivir el presente y disfrutar el ahora. Mientras que quedas a la espera de un momento futuro, tienes mucha prisa de que pasen los minutos del hoy. Sin embargo, en caso de que al llegar ese momento tan esperado, las cosas no sean tan perfectas como uno hubiese deseado, entonces, la decepción y el sufrimiento crecen al máximo.

Y es que, se tiene la sensación de que no existe nada peor que el haber esperado por un objetivo poco razonable. Es precisamente, en ese momento, cuando se toma conciencia del poder del tiempo y de que cada minuto es oro. Por ello, aprende a cultivar la paciencia. Es difícil encontrar el equilibrio en la vida entra razón y corazón. A quienes más les cuesta cultivar la paciencia es a aquellos que disfrutan con la emoción, que necesitan novedades y cambios constantes en la rutina.

Pero la vida, también es una monotonía y en medio de esa monotonía, quien en realidad cambia y evoluciona es la persona. Que crece, madura y se enriquece al compás de cada experiencia, cada vivencia y cada nueva ilusión.