Enfadado con el mundo
El enfado cuando es sano y saludable está focalizado hacia un punto en concreto, tiene una razón determinada y puede solucionarse hablando con otra persona cara a cara. Sin embargo, existen formas de vivir un enfado poco saludable. Así sucede, por ejemplo, en el caso de aquellas personas que viven a la defensiva y están enfadadas, de una forma, global y general, con el mundo.

Es decir, sienten un nivel de satisfacción muy bajo en su rutina presente, juzgan a todas las personas de un modo negativo, creen que los demás son culpables de sus desgracias, no dan una oportunidad para compartir la vida en positivo… Cuando alguien se comporta como si estuviera enfadado con el mundo, tarde o temprano, tiene que asumir que el problema no está en los demás, sino en sí mismo. Es decir, el entorno no es el enemigo ni un rival a batir, sino que el verdadero dolor se encuentra en el corazón. De esta forma, aquel que delega su responsabilidad en terceros, nunca afronta de una forma clara y directa sus problemas.

Estar enfadado de una forma global y general es un síntoma de dolor inmenso que se ha podido producir como consecuencia de una decepción. Por ejemplo, después de un desamor o tras la traición de un amigo. Quien sufre, se pone a la defensiva para protegerse nuevamente de cualquier posible herida. Por ello, cuando te encuentres con alguien que tiene una coraza puesta, lejos de juzgarle, intenta comprenderle. Seguro que tiene algún motivo para vivir así. Intenta tenderle una mano, pero respeta que no la tome si no está preparado para cambiar de actitud. Cada persona tiene su ritmo y sus etapas.

El enfado que se acumula en forma de tensión tampoco es saludable a nivel físico porque deje huella en el organismo.